Desde que tengo memoria mi abuelita materna, María Delgado, ha bordado. Todo el día borda servilletas con diferentes diseños, puntadas y más decoraciones en las orillas de la tela. Es una persona muy constante en lo que le gusta.
Cuando estaba en la primaria o secundaria, aprendí a bordar porque me gustaba lo que hacía mi abuelita, ahí me di cuenta de todo el tiempo y esfuerzo que se necesita para bordar, ya que hay que tener precisión, dedicarle atención y hacerlo con intención para tener buenos resultados.
Ahora, en medio de la oleada de junk journals y otras actividades que son análogas y buscan disminuir el tiempo que pasa unx en el celular o con pantallas, es interesante ver que se enseña a bordar, principalmentee con la puntada de cruz, para decorar cuadernos con nuestras iniciales y algún otro símbolo.
Y es que bordar no es algo nuevo, de acuerdo con el texto del Instituto Nacional de Antrología e Hiistoria, «La memoria en hilo y ahuja» de Teresita Loera Cabeza de Vaca, es una actividad que se ha hecho desde el inicio de la humanidad. Estas puntadas de hilo son una forma de registrar la historia, así como tradiciones, relaciones y creencias en las prendas de vestir o telas.
Detrás de los diseños que se realizan hay un legado que se ha contado por medio de hilo, aguja y tela, el cual se ha trasmitido de generación en generación de esta manera y continuará. Es muy interesante ver cómo por medio de TikTok y otros medios digitales miles de mujeres comparten su interés por el bordado, con consejos y recomendaciones, así como ideas de diseños. A pesar de los años y la tecnología, la aguja e hilo sigue uniendo generaciones.

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