Existe un línea delgada

Existe una línea delgada entre lo que me apasiona y lo que me obsesiona, y dentro de esta frase me encuentro apasionándome por la obsesión. Pertenezco a las fijaciones pequeñas en mi cabeza, a las creencias propias de mi particularidad, al cariño que enloquece y dispara mi ternura y a los rituales y sátiras de mi cotidianidad.
La idea que concibo de noche es lo que me hace soñar, y no sé si romantizo el mal hábito de la exigencia personal, mantenerme estable pese a sangrar y perseguir el sentimiento de darme más.
No tengo una alegoría que pueda explicar la anatomía de la obsesión, pero te puedo describir como logro percibirla: Sea compensación (según mi psiquiatra), disciplina o pasión, encuentro euforia y confort, pasajera o no, no interesa, pero se implanta en mi emoción. Como has podido descifrar, no tengo clara la diferencia entre llevarme a un extremo y seguir con calma, y claridad es precisamente de lo que carezco en esta situación. A veces lo entiendo como un límite que crucé, que es insano y se vuelve adicción, pero si has experimentado el placer, entenderás que cuando tengo un resultado solo veo la misma satisfacción.
Ahora intenta sumergirte en lo que digo, y olvida las rimas anteriores que he hecho sin razón.
No todo me obsesiona y no tengo voz ni voto en lo que sí, me guíof por el sentir y justifico lo enfermizo en el lado romántico de lo que apasiona y envuelve, de lo que atrae y cautiva. Y no tengo logros inmensos que han cambiado el rumbo que toma la historia, ni inventos que formen parte de la globalización moderna, pero eso no importa, no es el propósito de mi causa, lo que me genera entusiasmo y frustración es lo que veo, lo propio y lo que me llena de impulsos, aquí hay lugar desde lo más pequeño y autónomo hasta lo más extraño y carente de sentido.

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