Cultura colombiana migrante en Chile en contraste con la frontera norteña mexicana
Por Berenice Abigail Rosales Cervantes
La psicología transcultural es una herramienta verdaderamente eficiente para que las personas, ya sean investigadores, o cualquier audiencia curiosa sobre conocimiento fuera de su propio contexto, pueda informarse y obtener buenas referencias. Guiadas por ciencias combinadas de la psicología, antropología, historia, estadística, entre otras, que constantemente se ven actualizadas, esto gracias a la modernidad y evolución de tanto la tecnología, como los medios de comunicación del siglo XXI. Conocer otras culturas y formas de vivir alrededor del mundo de manera objetiva es mucho más fácil, considerando el siglo pasado como referencia en obtención de información científica y documental para el público general. (Berry et al., 2002)
Tal es el caso de esta curiosa comparación de dimensión cultural en formato de ensayo, que, por medio de una perspectiva de experiencia personal, entrevista y recopilación de información documental antropológica de diversos autores actuales, su finalidad es plasmar una de las realidades de ser nacido en Colombia, ser migrante y residente en Chile, además de realizar un contraste con el estilo de vida de la frontera norteña mexicana de Juárez.
Pero ¿cómo siquiera llegar a una comparación cultural tan específica? Pues, muy sencillo, la posibilidad del internet de contactar con personas alrededor del mundo permite que podamos entablar relaciones con personas lejos de nosotros (Romera, s. f.), por lo que igualmente uno de los temas a exponer en esta composición, es la perspectiva de la juventud dentro del acceso transcultural mediático actual.
Considerando entonces aspectos tan fundamentales cómo; la conformación de la personalidad, desde una perspectiva subjetiva hasta comprobación científica fundamentada en teorías de origen psicológico; diferencias en las concepciones de cognición y lo qué se considera inteligencia a través de estos países latinoamericanos; contrastes en el uso del lenguaje; fundamentos de la percepción en cada cultura observados desde un origen histórico; el peso de las emociones y su expresión en medios personales, biológicos y antropológicos; definir el origen de tradiciones, su perpetuación, práctica y reproducción actual; hasta una identificación de rasgos biológicos significativos que hacen únicas a las personas latinas de origen mexicano y colombiano.
Además, complementando el estudio, está la perspectiva por medio de entrevista, del año de 2022, de Jesús Perdomo, colombiano criado en Cali, Colombia. Licenciado en Periodismo de la Universidad Católica del Norte, residiendo actualmente en Antofagasta, Chile. Quien narra de primera mano experiencias de vivencia personal, como migrante, joven e individuo que experimenta el impacto cultural del mundo por los medios de comunicación modernos.
La cultura es una percepción humana extendida por todo el globo, según José María Perceval (1995, p.23), en una colectividad imaginaria percibimos «un cosmos de representaciones que articula las tres funciones necesarias para la continuidad de la comunidad: trabajo presente, reconstrucción del pasado y transmisión de enseñanzas a la siguiente generación. De todas maneras, para que este proceso funcione y produzca conocimiento, las imágenes deben ser ofrecidas por cada generación como un cuerpo cerrado de nociones científicas o al menos incontestables, algo intangible y eterno cuya alteración es en cierto modo una transgresión más o menos grave, según los casos, del consenso social». De este modo, se implica una realidad formulada gracias a la colectividad e interacción social, que al mismo tiempo refleja, se influencia e influye la interacción del individuo con ella.
La personalidad influye a la cultura y viceversa, creando un colectivo consciente del que la mayoría de la población en un conjunto social recrea en patrones más o menos invariables. El carácter mexicano, según Ramírez (1963) contiene una evidente marca de opresión proveniente desde la conquista, que generacionalmente, tras una repetición de problemas sociales, económicos, políticos, etc. Se crean hogares rotos, estructuras familiares perdidas en el antagonismo del otro y una presión intensa machista que somete a las mujeres a formar parte de sistemas corrompidos con una ideología de masculinidad completamente perdida ante panoramas de poder económico y sobre el género femenino, perdiendo el control sobre ser la cabeza de familia o someter sus integrantes a la violencia.
Perdomo menciona que la caracterización del padre en Colombia no es muy distinta:
“Irresponsable, dominante, agresivo, hincapié en la agresividad, tanto con sus niños como con su esposa. Padres que fuerzan todo, que son groseros y no les importan las consecuencias. Les gusta en general, dominar a través del miedo.
Es muy típica la situación de madre soltera, abandono y huida del padre. Que es ausente, problemas con el alcohol, pasa muchísimo y he visto infinidad de campañas sociales en contra de la irresponsabilidad del padre. Y después de las acusaciones al hombre está la explosión de emociones violentas.” (2022)
Mientras que es muy evidente la reivindicación de las infancias ante el simbolismo del padre que abandona, no evita la reproducción de este sistema, en ambos países hay una fuerte socialización que aliena nuevas masculinidades y formas de profesar la paternidad sana y sensible a las necesidades básicas de la infancia. A pesar de que la madre sea vista como una persona que deja ir todo por el bienestar de su familia, durante la historia siempre se ha mantenido como ama de casa para cubrir todas las labores domésticas, la crianza y actualmente la principal trabajadora por el respaldo económico de la familia, convirtiéndose en la perfecta representación de una esclava moderna ante el labor de hogar no remunerado, reconocido o visibilizado (Construcción del rol de maternidad y su relación con la formación de la identidad genérica femenina en la cultura mexicana, 2005).
La personalidad colombiana tiene un contexto muy similar de conquista, en el que su concepción como “Nuevo Mundo” la cambió a una de plena autenticidad, vanidad y “mentira”, haciendo referencia a la evidente influencia de grandes potencias ajenas a Latinoamérica, la cual a su vez termina copiando leyes, constituciones y programas (Aponte, 2014). Significando que no queda exento de esta reproducción familiar de conflicto y machismo, que, en palabras de Perdomo, la concepción de las madres colombianas no difiere mucho a las mexicanas.
” …son arquetípicamente luchadoras, tienen que esforzarse mucho, usualmente por la falta de responsabilidad dada desde la figura paterna. Hay una sobrecarga que tienen las madres, por ser solteras en ocasiones, o por el trato que recibe la mujer, es un aspecto muy machista por considerar. A diferencia de otros países, la violencia intrafamiliar es mucho mayor… Afecta mucho la percepción de las madres. Que usualmente se convierten en víctimas y son insensibles en consecuencia del abuso, se acostumbran de manera generacional. “(2022).
Según experimentación con el modelo Cattell en una muestra colombiana (García, 2005) define la personalidad con los principales factores de Ansiedad, Extraversión e independencia, que no presentan diferencias significativas por género. Mientras que experimentación con diversos modelos de personalidad, incluidos el de Cattell en muestra de origen mexicano, presenta que para el año de 2013 se veía conformada por una gran Extraversión, Desorganización y Neuroticismo como tres factores primordiales, explicando que a pesar de que no hay diferencias significativas entre género, la mujer utilizaba palabras con mayor denotación negativa, que podría explicarse por medio de las concepciones machistas (Cruz Martínez et al., 2013). Ambos estudios son increíblemente relevantes, pues generan la apertura a un modelo de “carácter” específico para cada uno de los contextos de esos países en concreto, considerando la importancia de entender su enramado histórico y conductas generacionales para darle una mejor interpretación, fuera de los estándares preestablecidos por autores americanos y europeos. Modelos que, por su parte, crearían sesgos con respecto a la representación de personalidad a causa de la ausencia de la carga cultural latina e históricas de sus pruebas (Berry et al., 2002).
Perdomo nos habla sobre la personalidad colombiana concebida desde el estereotipo:
“Alguien estereotípicamente muy extrovertido. Tanto hombres como mujeres. La vanidad es otro estereotipo, gente que cuida mucho su aspecto personal, que se interesa por la belleza. Fiesteros, sociales, alegres.
Confrontativos, buscan pelea o son muy reaccionarios. Conflictivos, podría ser una mejor palabra.
Discriminatorios, percibidos cómo gente muy conservadora, por ejemplo. El colombiano estereotípico puede ser homofóbico, racista, como descripciones negativas.” (2022)
Qué en general, engloba concepciones de personalidad mexicana creadas desde muchas generaciones de antigüedad y que se encuentran presentes actualmente en su reproducción. Principalmente la extroversión, dónde la percepción extranjera del mexicano es aquella de alguien que siempre te da la bienvenida y se interesa en su comodidad, sin embargo, hay igualmente un absurdo en comparación, de fuerte discriminación por parte de generaciones antiguas tradicionales, que deciden no entender el cambio de las sociedad y ciertos aspectos de la modernización, dependiendo mucho del grado de educación y también la religión o creencias a la que se dedica (Parra, 2004).
La formación de personalidad latinoamericana, a grandes rasgos se influencia por una diferenciación de estratos económicos muy marcada en sus sectores, en el caso de México y Colombia, ambos cuentan con identificadores que son evidenciados con las características físicas (Díaz Camacho, 2012).
“Las personas colombianas de piel negra tienen una diferenciación muy contrastada dada por la sociedad cuando se le da ese peso racial, por origen afrodescendiente. En chile pasa mucho que dicen “No quiero ser racista, pero…” y no se les da el mismo trato a comunidades de colombianas de piel negra a los que tienen piel blanca.
Se da más el peso de ser delincuentes en el caso de hombres o que las mujeres son promiscuas. Mujeriegos o trabajadores sexuales, narcotraficantes, entre otros.” (Perdomo, 2022)
Se presentan estas concepciones tan negativas sobre colombianos afrodescendientes en la zona de “Valle del Cauca” en Antofagasta, dónde usualmente la racialización toma un aspecto de “negritud”, dónde se toman como excusas el aumento en inseguridad y violencia para que antofagastinos adopten posturas xenófobas o racistas hacia las minorías migrantes (Stang, 2016).
Este fenómeno lo vemos reflejado en México entre su propia población. Específicamente en la idea de la identidad “whitexican” (un mexicano de piel blanca) en la que, hay privilegios evidentes sociales a personas de alto nivel adquisitivo y además de piel blanca, quienes inconscientemente terminan reclamando y tratando de forma inferior a personas de tes morena, a pesar de que la piel morena es predominante en todo el país («El perfil del hombre y la cultura en México (Fragmento)», 1978).
Con todo ese trasfondo, vemos motivaciones extrínsecas e intrínsecas muy similares hacia la migración. En investigación de Salgado sobre el anuario migratorio mexicano del año 2022, se nota que:
“En 2021 aumentó en 400 mil el número de migrantes mexicanos en EE. UU. Tras el relajamiento del confinamiento creció la migración mexicana no documentada hacia EE. UU.: se promediaron 59 mil encuentros mensuales en 2021 con la autoridad migratoria y 72 mil encuentros mensuales en lo que va del año 2022.”
Cifras verdaderamente significativas, considerando la migración como un fenómeno que plaga la historia de muchos países latinoamericanos, el transnacionalismo denotado de propaganda de la novedad, de la base para cimentar una estabilidad en todos los aspectos de vida y oportunidades nuevas para crecer en una economía “mejor” como es la estadounidense (Portes, 2005). Pero nada de esto ocurre sin consecuencias y la concepción sobre la cultura migrante para Perdomo es en sociedad colombiana como:
“Una práctica muy común, algo positivo, pero que toma mucho trabajo. Si migras, te ven como alguien valiente y admirable, porque se presume que se va a “luchar” para vivir. Independientemente del país al que se migra.
Desde un sentido familiar, vas a migrar es porque vas a ayudar a tu familia, ya que la moneda colombiana está devaluada, mandar dinero de otro país a Colombia, se obtiene más “plata” (dinero) y se ayuda a la familia.
Los chilenos ven el aspecto negativo, pensando que venimos a ser delincuentes, robar, vender droga, etc.
Es sinónimo de mucho esfuerzo y producción de dinero.” (Perdomo, 2022)
La migración ha sido un fenómeno considerable que afecta la vida de muchos colombianos, y Chile se considera unos de los países a los que más se desea ingresar por oportunidades laborales. Antofagasta se toma en cuenta, primordialmente por su riqueza en la economía y procesos de minería, tiene un 11% de población migrante en comparación al 6% en el resto del país, y se encontró este aumento a partir del año 2004 hasta el 2014. Perdomo llegó a Antofagasta en el año 2012, a la edad de 13 años.
“uno de los principales destinos de migración sería Chile, en el que “en 2014 hubo 25.038 colombianos, lo cual significa que, en comparación con 2002, se experimentó un aumento sustancial de 511%” (Polo y Serrano 2018b, 173).
Gissi-Barbieri y Polo Alvis, identificaron que el crecimiento de esta población no se detendría allí: de acuerdo con los registros censales recientes (INE 2018), se registra
la presencia de 108.001 colombianos en Chile para 2017, una cantidad cuadriplicada de migrantes, debido a diversos factores como el colapso del precio del café y otros productos, la crisis financiera de 1999 y minera en 2014 (2020).
La población colombiana es la tercera minoría dentro del país, pero actualmente, continúa siendo considerada con los calificativos de “invasión”. Comparable a la perspectiva americana sobre migrantes mexicanos. Y en ambos casos son vistos como migrantes que roban las posibilidades de las personas que son chilenos o americanos en su tierra natal. Entre otras etiquetas Perdomo menciona que es muy común que se estereotipe la idea de roba maridos o mujeres interesadas:
“En chile pasa que llegan las mujeres colombianas, recordando el contexto el ambiente minero, y la minería crea gente que tiene mucho dinero, pero estas personas que trabajan en las minas están fuera de casa por mucho tiempo, se enamoran usualmente de mujeres colombianas y ellas aprovechan robar los maridos para “ganar platita”. Un estereotipo muy común en Antofagasta con las mujeres colombianas.” (Perdomo, 2022)
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