Por María Yamilet Martínez García
Me tropiezo entre las piedras de la calle buscando alguna moneda porque ya me habían comprado un dulce que ya me comí y me dijeron que con mi dinero me podría comprar otro, pero solo había chicles que no me dejan agarrar, envolturas que no puedo tocar y cachivaches que no me dejan llevar; ya no quiero caminar porque me pega el sol y tengo sed, pero no pasa el camión y mi mamá me toma de la mano para llegar a otra parada, es mejor tomar el camión
que caminar, duraríamos mucho caminando, y yo sigo sin encontrar un peso.
Entre semillas y trozos de pan vi a una paloma pinta, las demás son grises, azules y moradas, esta es café y blanca, no sé si así nació o si se le cayó lo azul para ser más seria, si hay más, si en su familia todos son así o no. Come igual que las otras, y yo sigo queriendo una paleta, o un baloncito siquiera, pero mi mamá me dijo que ya me compró y que debo de ser paciente; de cualquier manera envidio a la paloma y quisiera ser una paloma, estar con las otras
palomas comiendo lo que me den, así sin pedir, sería como la paloma pinta, yo creo que seríamos amigas, yo la querría y ella a mí, volaríamos juntas por algún jardín, me estaría en la plaza todo el día y creo que comería un dulce más fácil, mi vida sería más dulce.
Está la paloma pinta que se llama Tita, la paloma blanca que le puse Bianca, la azul que se llama Raúl y la gris que tiene cara de Beatriz, así mis amigas las palomas se me acercaron, creo que vieron que no he comido ni un dulce. Tita, la pinta, parece que pinta, como que está manchada, de la cabeza a los pies es blanca y café, nomas se acerca y muevo los pies esperando el camión, ya me cansé y no quiero jugar, no sé porqué vinimos y ya llevamos mucho aquí, chance durmamos aquí, me dormiría con Beatriz, o con Raúl, pero la verdad es
que me gusta Tita, deja comer a las otras palomas y no se mete si no es su turno, no se pelea y no habla mal, la palomita Tita es bien bonita, pero mucha gente las quita y las evita, siendo que las palomas llegaron primero a la banca o al edificio, a los que llegan no les importa, no lo entiendo.
Todavía queda algo de sol y sigo con el antojo de algún dulce que sepa rico, lo bueno es que llega el camión y me sube mi mamá para ya regresar, señala a la ventana y me dice:
-¿Ves a esa paloma pinta? Está bien bonita, con manchitas como tú, mi niña.
Deja un comentario