El ser mujer ha desarrollado una lucha indeseable e innecesaria

Por Sofía Arceo

En mi niñez vivía ya con el prejuicio sobre el cuerpo ideal y que no debería haber una diversidad de cuerpos femeninos como tal, siendo el cuerpo delgado el más premiado y glorificado. A aquellas niñas se les reconocía por quedarles mejor la ropa, llamar la atención de los niños, y además te daba el privilegio de comer lo que quisieras sin ser juzgada. Al menos así lo viví, así como también en mi familia se acudían a las burlas constantes y recriminatorias de la forma de mi cuerpo apenas teniendo 10 años, así como el de otras primas, por puro entretenimiento para una cena aburrida de los adultos.


Recuerdo vivazmente estar en un foro de fanáticos de One Direction de la ciudad, donde había tanto hombres como mujeres, y se daban diferentes dinámicas por día: los viernes de confesiones, que si mal no recuerdo podían ser anónimos o no, y en esta dinámica había muchos comentarios de mujeres donde se menospreciaban por su figura. En sus confesiones soñaban con tener presupuesto para cambiar su cuerpo, a lo que yo no alcanzaba a comprender por qué gastar dinero en ello, por lo que preguntaba por pura curiosidad. Las respuestas variaban según la persona; si era para llenar pantalones, porque querían más caderas, si para no tener panza, para tonificar sus facciones, para tener más cintura, para tener piernas estilizadas, incluso había quienes decían que era para tener pareja o ser más populares…
Me dolió leer algo así, y por inercia empecé a fijarme más en mi figura porque pensé que era algo con lo que tenía que cumplir como chica para vivir. Comencé a considerar cambiar para agradar a los demás, para evitar comentarios hirientes y poder ser parte de esas inseguridades que tan común era en mi comunidad. En este proceso fui cayendo en un trastorno alimenticio, donde la presión social jugaba el rol principal para saber si estaba bien o no para los demás, habiendo escuchado frases como: “te vale el peso, ¿verdad?” en secundaria, en prepa me preguntaron si tenía novio a lo que respondí que sí, y me dijeron que tenía apariencia de las que no tenían novio, que si me veía mejor con el pelo corto, largo, recogido, suelto, si me veía mejor con maquillaje o sin maquillaje, si era muy seria o muy intensa para tener novio, si no debía hablar o si debía hablar para caer bien… En conclusión, un alboroto de opiniones y deseo de modificarme según lo que se necesitaba para poder “encajar” y tener pareja, como si fuera lo único y lo más importante.


En todas mis etapas reinaba una clase de top de las niñas más bonitas del salón, de la escuela, de la ciudad, etcétera. Era tan pesado y asqueroso pensar que quienes elegían o delegaban eso eran chicos hormonales de 14 a 16 años, así como también a medida que crecimos esto empeoró al punto de que estaba normalizado pedir fotos de desnudos y pasar el “pack” de otras chicas en grupos de chicos y hasta etiquetaban si era buena o no. Todo se volvió algo tan distócicamente asqueroso, hecho meramente hacia cosificar la apariencia femenina y satisfacer las necesidades de los hombres que empeoró mi confianza y seguridad de ser mujer.


He visto como las mujeres a mi alrededor conforme vamos creciendo hemos sufrido, (todas las mujeres sin dejar de lado ni una que conozco), hemos sufrido al menos una forma de acoso que da hacia nuestra apariencia, y es tan triste reconocer que es algo que pasó y que puede seguir pasando con el descontrol de la tecnología, la información e imagen de menores, asímismo la falta de seguridad para niños en internet donde se puede persuadir tan fácilmente una mente inocente como la de un niño o una niña con roles tóxicos de género, doctrinas sexistas y asquerosas que cosifican el cuerpo humano como algo meramente carnal. Debemos prestar atención y concientizar que el sexo no lo es todo, tener pareja no define tu persona, tu apariencia no es algo que deba ser tema de conversación ni mucho menos una razón para ser víctima de abuso, veamos por un presente y futuro en el que comprendamos que ninguna mujer debería experimentar el abuso o el acoso en sus vidas. Y por último, pero no menos importante, no normalicemos la tendencia de un tipo de figura en su lugar recordemos que cada individuo merece respeto y dignidad, independientemente de su género u orientación sexual.

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