¿Limerencia o ignorancia?

Por Berenice Abigail Rosales Cervantes

Ya no recuerdo mucho sobre quién era antes de ti.

Fueron años duros e insufribles. Estaba perdida, sola y asustada, en un mundo que me arrebató mi libertad.

Contigo, pude verme reflejada en ti, pude apoyarme de ti y crecer. ¿Tú hiciste lo mismo?

Noches en vela, compartiendo dolor y transformándolo en aprendizaje, en motivo de cambio y en amor.

Amor por ti y para amarme a mí misma.

Sin embargo, el desarrollo no va en línea recta, y los problemas no faltaron.

Mi falta de autoestima reflejada en miedo de comunicar, tu falta de autoestima en miedo de que fuera abandonarte.

Tu inseguridad como excusa para alejarme y mi inseguridad como excusa para no dejarte.

Mi depresión cegando de ver tus defectos y tu depresión cegando de ver tus virtudes.

También fueron años duros e insufribles.

Tantos días llorando en medio de la noche, con un vacío enorme en el pecho y ese dolor agudo que parece congelar el alma, haciéndome temblar y pensar ¿Ahora es que me va a abandonar?

Lágrimas amargas, agridulces y dulces. Siempre después de hablar había algo de paz. Pero después de una, de dos, de tres veces con lo mismo, el patrón y su repetición, ya solo quedaba preguntarme ¿Cuánto tiempo durará esta paz antes de que todo se vuelva a quebrar?

Poniendo tus necesidades por encima de las mías, mi dolor por debajo del tapete y el tuyo cobijado en cama para que no te alejes.

Y en cada tensión, cada tres meses, para ti este amor ya no era suficiente, ya carecía de mucho, ya faltaba demasiado y ya te habías cansado.

No tuve el valor de poner un alto, y ya estaba muy rota.

Pisoteaste mis esfuerzos, mis sueños y me trataste de loca.

Me rebajé demasiado, no consideré mi propio corazón, que se había humillado, arrastrado y arrancado partes de sí mismo para suplir lo que no encontrabas en ti mismo.

Rogando, llorando, negociando, negando, el dolor convertido en ira y la ira en más dolor.

¿Por qué no pude ser suficiente? Me pregunté muchas veces, pero estuve haciendo la pregunta incorrecta ¿Porque no supiste apreciarme lo suficiente?

En un año de conocernos y de haberme enamorado, dijiste «sé que eres más que un gusto, pero no sé si te amo».

En un año de relación, dijiste «No sé qué va a pasar mañana, pero hoy voy a ignorarte».

Después de casi tres de prometer nuestro futuro, me agradeciste por «aceptar separar nuestros caminos» pues «será lo mejor para los dos».

Y ahora, no has dicho nada, quizá porque no hubo nunca nada.

Me aferré a la idea de ti, a lo que quería de ti, a lo que era carente y encontraba en ti. A lo que me hacías sentir y no vi en mí. Lo que me enamoró de ti fue tu creatividad, tu conocimiento y tus metas. Entonces, me llené de más conocimiento, te convertí en mi musa y cree muchísimo en tu imagen, dibujos, pinturas, canciones, poemas, cartas y cuentos. E hice tantas metas para mí misma y para vernos.

No me daba cuenta que en realidad no inspiraba nada de eso en ti.

No te inspiré a crear, ni a crecer ni a mejorar. Me volví en una distracción de tus

responsabilidades, y un freno en tus metas profesionales. ¿Por eso te fuiste?

Estuve lista para sacrificar todo por nosotros, ni la distancia ni tu ausencia me hacían dejar de amarte ¿Porque a ti sí?

¿Fui muy tonta o tú muy débil?

¿Ya no era posible que crecieras y estuviese ahí?

Aún ahora sigo creando, buscando, aprendiendo, luchando y amando. Pero te extraño, tanto que parece imposible a veces continuar. Me lleno de felicidad, de tristeza y de rabia por tus recuerdos.

Estaba tan segura de un futuro contigo y del presente a tu lado que nunca me plantee, que por errores que siempre repetiste desde el pasado, tendría que vivir así, sin ti.

Es muy tarde, no se puede deshacer todo lo que hemos dicho y hecho. No me arrepiento de amarte y darte todo de mí, así soy, amando incondicional e incansablemente.

Solo me arrepiento de no haberme amado lo suficiente a mí para alejarme de ti por mi cuenta.

Para poner un alto a tus mentiras y promesas sin cumplir, para dar cuenta que podría estar muchísimo mejor sin ti.

Ojalá te hubieses amado lo suficiente a ti para negar mi amor desde un inicio, para alejarme antes de que te deseara más que a la vida misma. Antes de que pudieses llevarte una gran parte de mí.

He sido muy cruel contigo en este texto, también me equivoqué muchísimo. Fui ilusa, fui violenta, fui inmadura y fui yo quien se alejó también.

Cada vez que me dejabas te provocaba para que dijeras que me odias y tener una razón de irme sin remordimientos. Quería que me destruyeras con tus palabras, que arrebataras la ilusión de nuestra relación, odiarte para no ver atrás, para escupir tu nombre y nunca regresar.

Pero siempre quise más de ti, siempre con la esperanza de que todo iba a cambiar.

Al final sigues siendo la persona que más me conoce, pero yo ya no sé quién eres.

Quiero volver a conocerte, ojalá volver a encontrarte. Tú, a quien amé ¿Cuál siquiera es tu nombre?

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