Por Berenice Abigail Rosales Cervantes
Me estoy deshaciendo estoy descosido. Me atravesó el pecho con una mano de tijeras empuñadas y se llevó mi corazón.
Supongo que hace otro osito al que se lo pueda dar, y al estrujarlo lo reciba un dulce palpitar.
Total, con unas remendadas me puedo arreglar, el corazón es solo un accesorio, se puede reemplazar.
Todo el algodón tirado, el hilo roto y deshilachado, con la tela percudida de sangre. He cosido a otros muchas veces, hasta a él, pero nunca aprendí a coserme a mí.
Total, con unas puntadas y tiempo, todo volverá a ser feliz.
La aguja e hilo las escondió, siempre le gustaron los juegos.
Nunca fui bueno en el escondite, no encuentro nada, la caja de costura está muy lejos de mi alcance quizá y ya siento el sueño como un manto suave y envolvente.
Total, ya era hora de una siesta, es muy tarde y ya después me despertará.
Hace frío, el rojo relleno no cesa, pero ya no duele. Ahora hace calor, es tan cálido como aquellos abrazos con los que solía tomarme ¿También dolían?
Total, ahora mismo ya no siento nada y después de todo, aunque lo vuelva hacer, sin importar la fuerza de su cuerpo, el «Te quiero» de mi caja de voz no podría ser nada más que un gemido perdido entre el algodón y el paso del tiempo.
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