Por poeta abandonada
Su piel canela la que admiro,
la que anhelo. Tus brazos
manchados de heridas y arañazos,
refugio de cálida brisa,
donde mi alma en silencio aterriza.
Tu pecho es un templo, mi devoción,
donde el deseo es pura oración.
Tus labios despiertan mi piel dormida,
beso que quema, caricia prohibida.
Cada mirada tuya es un hechizo,
un dulce abismo donde me deslizo.
Si la belleza tuviera un rey,
serías tú, con tu bronce y tu ley.
Y yo, rendida a tus pies en este amor sin cautela,
adorando la gloria de tu piel canela.

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