Por Jab Mendoza
Quédate en mis brazos, piel arena.
Pertenéceme en pensamiento, cuerpo y alma,
aunque sea por un fragmento de vida
fuera de mi imaginación.
Bríndate a mi dopamina en persona.
Sonríe, y háblame un pedacito de hora,
como en agosto, septiembre y octubre.
Me conformo con una pizca de tu sonrisa
y un poco de tus palabras tímidas.
Bríndate a mi dopamina, aunque sea solo una vez.
No importa que pertenezcas a lo efímero,
si al menos puedo contemplarte.

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