Por Glenda Villegas
Una piel madura,
una piel más dura
que me mira y me desnuda,
me muda y me marchita.
Que a trizas convierte e invierte
los tristes recuerdos,
las mudas caricias,
Les peurs d’antan.
Lisboa convertida en Roma.
Y todas esas cosas por las que llorar,
por las que rezar.
Transitar, habitar, entregar.
Y si Dios baja aquí conmigo,
pido que perdone tus pecados,
aunque nunca haya confesión
Pido me exorcice del pensamiento absurdo
de tu regreso a mi lado,
aunque no exista ya razón.

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