Por M
En esta nueva sección podré ser juzgada al contar vivencias que personalmente encuentro divertidas, alucinantes y estridentes. La vida es para vivirla y experimentar todos los matices, lo bueno y lo malo, la felicidad y el dolor, así como toda sad girly, soy seguidora de Sylvia Plath, if you know, you know. Teniendo en cuenta esto, quiero comenzar contando la vez en la que terminé orinando en un patio.
En una aplicación para conocer gente me encontré con un alucín que vendía carros como móvil de vida, era algo alto, guapo, delgado, normal, se autodenominaba pantera (porque su percepción distorsionada de la realidad le decía que era una pantera), entonces ya tenemos nombre, pasó por mí en la noche, habíamos quedado en ir a comer en restaurante, así que me puse mi vestido más lindo, largo, con espalda descubierta, negro con flores blancas, y al salir veo a este chico con shorts, camiseta sin mangas, gorra y no recuerdo si llevaba tenis o chanclas (una disculpa), de manera que me di cuenta que iba a ser diferente la salida, pregunté si me cambiaba para andar en sintonía y me dijo que no me preocupara, así que me abrió la puerta para subirme, para así manejar al oxxo más cercano, comprarme unas skys y relajarme, porque entre la escuela y dos trabajos, esto era lo más cercano a tiempo de ocio que tenía. El restaurante resultó ser un tipo de kiosko donde venden vasos michelados con camarones y la cerveza se tiene que comprar aparte. Fue la primera vez que yo probaba algo así. Recorrimos la ciudad de noche, y no voy a negar que fue ameno y divertido, el conocer a alguien y descubrir algunas cosas como el gusto en común por los animales, o las aspiraciones, así como el pasado que lleva uno.
Vi la ciudad como no la había visto antes porque soy foránea y mi trayecto era de la escuela, trabajo y casa, pero en esa ocasión pude apreciar los destellos y paisajes, es otra vibra. Me dijo que iríamos a un mirador y me llevó al techo de la casa de su hermano, la cual se veía vacía a excepción de un comedor y una moto dentro. Para ese momento ya tenía ganas de ir al baño y no me dejó entrar, me dijo que no tenía llaves, entonces podía hacer en el patio trasero, así como él lo había hecho, por eso se bajó antes. Para después invitarme a subir una escalera de pared para subir al techo, lo cual no hice porque como mencioné, llevaba vestido largo y plataformas, aparte ya había tomado leve y pues simplemente no quería.
El punto es que entre mujeres hay que cuidarnos y tener cuidado, yo fui inconsciente, y sé que así como yo hay muchas chicas que se les hace fácil, pero vivimos en una trampa constante, es como ese juego de computadora de las bombas, un paso en falso y ya no nos vemos.
Gracias por leer esta primera vivencia en el mundo romántico del norte de México.

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