Por Mariana Rosas
Quisiera leerte, quisiera leerte el llanto verbalizado y hecho martirio, manifestarte en hondos bostezos el cansancio de la espera y recrear entre comunas de memorias el porqué te quiero y te amo tanto. El aprecio no tiene forma y los regalos materiales pueden defecarse como el cereal comido por la mañana. Las palabras me persiguen deformes por los vientos del azar y las memorias son suplantadas por los rencores y el éxtasis. Nada es fidedigno, mas que el extrañarte. Extrañar el lenguaje, el abrazo, la calma, la vida. El mero acto de extrañar representa en sí mismo un extirpamiento del alma.
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