¿Qué ideas tenemos de nuestra conducta mal adaptativa? Análisis del artículo; ACT y Psicología positiva.
Por Berenice Abigail Rosales Cervantes
En el artículo «ACT y Psicología Positiva» (Luciano, 2006) se explora de manera eficiente los objetivos tanto de la psicología positiva como de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Esta lectura se presenta de manera significativa para introducir los objetivos tanto de la psicología positiva como de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). En su esencia, permite comprender que, inicialmente, son los modelos explicativos los que ganan una aceptación más generalizada en el público debido a su relación con el «sentido común». Sin embargo, al analizar los actos, pensamientos y sentimientos como componentes cognitivos de nuestro funcionamiento, se revela de manera inherente la presencia de un lenguaje particular que acompaña nuestras acciones. Esto va acompañado de la formación de conceptos personales y significados que hemos asignado a lo largo de nuestras vidas.
Al adentrarnos en una comprensión más profunda de nuestra conducta privada, en lugar de alterarla, se prioriza el reconocimiento del significado en el que se basa, con el propósito de visualizarlo desde una perspectiva diferente. Surge así la noción de aprendizaje, reaprendizaje y reestructuración verbal. Es crucial reconocer desde el principio que, si el individuo los percibe como problemáticos, el control sobre estos aspectos resulta inherentemente complicado y no puede ser abordado de manera «médica».
Así pues, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) presenta la propuesta de considerar estos elementos como productos surgidos de nuestra vida y experiencia. Esto implica comprender un equilibrio entre el placer y el sufrimiento, algo que guarda una similitud notable con la filosofía psicoanalítica de Eros y Tánatos. Sin embargo, el enfoque se centra en que nuestra experiencia de vida es intrínsecamente guiada por la búsqueda del placer y la evasión del dolor, por lo que una perspectiva desenfrenada conlleva problemas a corto plazo, ya que no se trata de un afrontamiento idóneo para las problemáticas que hacemos frente cotidianamente.
En contraste, la psicología positiva se orienta hacia la búsqueda de alternativas para mejorar nuestras vidas, presentando una perspectiva diferenciada de la patologización que es común en otros enfoques. Esta corriente comprende la importancia de empezar por el reconocimiento del individuo en su totalidad, tomando en cuenta tanto sus fortalezas como limitaciones. En lugar de intentar «reparar» o corregir, la psicología positiva aboga por comprender que desde el inicio ya poseemos las cualidades necesarias para abordar activamente las emociones que influyen en estas conductas.
Previo a este punto, en ocasiones sesgamos la comprensión de la psicología positiva en un estándar básico, particularmente en sus aplicaciones en contextos organizacionales, por ejemplo, gracias a la mediatización y popularización en medios de comunicación, o uso coloquial de términos dentro de las redes. Sin embargo, al reconocer su papel tan definido como un amortiguador, se vuelve evidente su importancia fundamental en nuestra vida individual. Esto nos habilita a cuestionar nuestra forma de vivir y enfrentar las conductas o pensamientos perjudiciales desde una perspectiva más personal. Un ejemplo sería preguntarnos: «¿Cuál es el propósito detrás de expresar este sentimiento?». Además, colectivamente, esta perspectiva tiene el potencial de mejorar nuestras interacciones sociales en su totalidad.
Somos capaces de analizar nuestras propias experiencias y comportamientos. No obstante, existen asuntos, pensamientos e ideas que en ocasiones nos pueden llevar a una mentalidad de saturación o ahogo. Es posible que estén arraigados en momentos específicos de las vivencias personales, como la infancia, y debido a la falta de herramientas para reestructurarlos en ese momento, se vuelven prácticas mal adaptativas que se refuerzan y provoca que estos persistan. A menudo resulta en la normalización de obsesiones y en un ciclo constante de evitación, que culmina en un sufrimiento significativo. Este sufrimiento se manifiesta de manera evidente, afectando aspectos de la salud, relaciones sociales y teniendo un impacto duradero en decisiones, generando arrepentimiento continuo.
Constantemente, caemos en la trampa de la patologización y el cuestionamiento crítico negativo, lo que suele llevar a pensamientos cómo: «Existe algo fundamentalmente erróneo en mí, por ende, soy una persona terrible que merece este sufrimiento». Sin embargo, es evidente que esta línea de pensamiento no es constante. Hay momentos de malestar en los que surgen alternativas más claras. En estos casos, se encuentran opciones más evidentes y eficientes para afrontar problemáticas conductuales, especialmente cuando se cuenta con un apoyo tan fundamental como lo es la terapia, incluso si sigue un enfoque diferente. En este contexto, nos damos cuenta de la importancia que implica desempeñarnos en acciones destinadas hacia el bienestar, reconociendo en primera instancia las necesidades que se tienen, las capacidades o logros con lo que se cuentan y cómo anteriormente hemos sido capaces de encontrar un ápice de felicidad en situaciones previas. Se promueve la utilización de estos aprendizajes para aplicarlos en la situación actual.
Un objetivo que podemos plantearnos para reflexión es llevar a cabo una evaluación más profunda de las habilidades personales en base a metas previamente alcanzadas. Hay que reconocer que inconscientemente existe y se ha logrado un progreso significativo, lo cual nos capacita para enfrentar la realidad o ciclo de sufrimiento actual. No obstante, también comprender que es esencial identificar cuándo requiero ayuda y estar dispuesto a aceptarla. Este enfoque podría transformar por completo el impacto de los pensamientos negativos o de situaciones adversas, viendo por el bienestar personal como prioridad, entonces reivindica tomar control para el autocuidado, físico, emocional y social. Para entender qué tanto son parte de nosotros como seres humanos normales esos pensamientos, como esas valorizaciones. A la inmediatez, es poco probable que se encuentre una solución instantánea para las conductas desadaptativas, pero permite ver el proceso como parte de nuestra vida y crecimiento constante para la formación personal activa, donde no solo somos sujetos de las consecuencias del entorno y reactividad conductual.
Bibliografía:
Luciano, C., Páez-Blarrina, M., & Valdivia, S. (2006). ACT & psicología positiva. Clínica y Salud, 17(3), 339-356. ISSN: 1135-0806.

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