Por Michelle Guzmán
Algunas de las frases más recurrentes que escuchamos sobre el cine mexicano es que “está muerto”, que «hay puras comedias románticas», y que “cine era el de antes” y bla, bla, bla, pero a ver, amistades, ¿realmente saben de lo que están hablando y/o solamente repiten el discurso que escucharon por ahí? Habrá que cuestionárnoslo porque la realidad es claramente otra, sin embargo, como la verdad sí los aprecio, el día de hoy damos por inaugurada esta sección en dónde semana a semana les voy a ir recomendando cintas mexicanas de distintos géneros para que así como yo ustedes también puedan decir que “el cine mexicano no es Omar Chaparro”.
Los insólitos peces gato y la familia elegida.
“Tenemos miedo de que nunca escaparemos de nuestro pasado. Tenemos miedo de lo que traerá el futuro. Tenemos miedo de no ser amados, de no ser queridos y de que no tendremos éxito” (Lady Bird, 2017)
Esta semana empezamos con mi favorita de TODOS los tiempos; un coming of age bellísimo que nos narra la historia de Claudia y Martha (y la familia de esta última), dos mujeres que se conocen en un hospital y que por azares del destino terminan entablando una amistad inquebrantable, en donde poco a poco las dinámicas familiares se irán mezclando hasta terminar con Claudia siendo una más de ellos, perteneciendo por fin a un lugar. Y es que ahí es donde recae todo el peso de la película, en mostrar la cotidianidad que rodea a los personajes, aún en situaciones tan caóticas y complejas como la que rodea a Martha y a su familia.
A veces tal vez lo único que necesitamos es que alguien nos haga parte de su familia, que nos invite a la playa en un bochito amarillo y nos haga sentir que ya no estamos solos en este mundo.
Que vivan los insólitos peces gato, que fueron el parteaguas de mi amor por el cine.

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