Por Marla Shaden Leos
La poesía, al igual que cualquier arte, es importante tenerla presente en nuestro día a día, porque regala un sentido significativo sobre la belleza oculta que yace contantemente a nuestro alrededor, otorgando la oportunidad de expresar los sentimientos humanos a través de la vulnerabilidad de palabras compuestas de prosa. Varios poetas brindan su propio significado de la existencia, a través de sus experiencias y aprendizajes escriben desde sus recuerdos para mostrar que incluso el pasar del tiempo, puede ser un maestro que todos alguna vez escucharemos. Dicho de otro modo, la lírica nos ayuda a entender al mundo y a las demás personas, a ampliar los horizontes en los que percibimos las cosas para descubrir distintas formas de percibir nuestro entorno donde radican mayormente los vínculos afectivos.
La poesía y la cotidianidad están relacionadas. La primera, junta el pensamiento racional con el de la sensibilidad, encontrando equilibrio entre ambos. En la cotidianidad es lo que vemos a lo largo de nuestra vida, eso a lo que estamos acostumbrados a ver y sentir. Para comprender mejor la relación entre estos factores es importante que veamos la vida como si fuera un sendero en el que somos más que espectadores. A medida que avanzamos en el trayecto tenemos ya una idea de lo que significa nuestro propio sentido de “cotidiano” una persona que no está arraigada a la poesía, no verá otra cosa que pavimento, obligación por tener que avanzar porque así debe ser, es lo que está previsto. Por el contrario, los poetas o lectores de poesía, encontrarán un concepto distinto; una magnificencia en cada paso que dieron, y lograran relacionarlo con emociones internas, encontrarán una razón para reflexionarse así mismos y a su propio “camino” convirtiéndolo en un buscador exhaustivo de acontecimientos que lo lleven a conectarse con su naturaleza. De ahí, nace la subjetividad y la identidad ajena, la poesía ayuda a pulir el lenguaje, volviéndolo más pulcro y elegante, pero también reside la creación de ideas y el constante deseo de crear. En un sentido basto, en cada poema reside una anécdota, un sentimiento, una confesión, un salvavidas o simplemente, una conexión, e incluso historias de naciones enteras tal y como sucedía en la antigua Grecia.
La vitalidad de la poesía no solo recae en mantenerse elaborando nuevas rimas para satisfacer al oído, también se trata de redescubrir ese encanto en todas las pequeñas cosas que hacen al humano ser un humano; una risa o una flor, y solo así, podemos darnos cuenta de que la vida es también una escuela, y la poesía una herramienta que nos ayuda a comprenderla.
Bibliografía:
Chasoy, R., & Jaramillo, Y. (2020). La cotidianidad en la poesía. Expresiones, (10), 24-28. file:///C:/Users/shade/Downloads/6102-Texto%20del%20art%C3%ADculo-24217-1-10-20201204%20(1).pdf
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