Por Abigail Rosales
20-10-25
Me siento enferma, loca, desquiciada…
Pierdo la cabeza aún más
pensarte no pensándome nunca ¡JAMÁS!
Una pesadilla más certera en realidad de lo que quizá podría imaginar. Que mientras me obsesiono y me lleno de ti y me ahogo en tus recuerdos, para ti no es igual.
No soy ni una minúscula partícula de polvo en tu mundo.
inalcanzable, lejano, deslumbrante;
me ahogo y me hundo.
Todo lo que haces y a dónde vas se vuelve fascinante.
Más profundo.
Porque eres tan brillante… naturalmente.
Brillas como párrafo hallado por azar,
frase subrayada sabiendo exactamente porqué.
Chispa que enciende cigarrillos y miradas,
aunque dijiste que dejarías de fumar
Y que de un hombre ya no te enamorabas.
Esa risa que cualquiera podría amar sin esfuerzo.
Pocos notan los momentos donde tu luz se empaña,
cuando lloras en silencio.
Quisiera prometerte que nunca sería como otras,
sin embargo, escucho de ti
sólo a través de otras bocas.
Todo lo que haces me parece sagrado,
Soy apenas un murmuro en tu multitud, grito ahogado.
Quienes te nombran, solo irrelevante y accidentalmente conocen de mí.
Simple ceniza que sigue a tu lado.
Yo sólo quisiera ser nota invisible en tu margen,
la respiración que pasa inadvertida en tu lectura,
como si mi nombre fuera un error de imprenta,
un verso anónimo que adoras con locura.
Pero me descubro personaje menor,
nombre borrado en un índice,
fantasma en las páginas donde abundan tus voces
No soy tu amiga, ni tu confidente.
Tus palabras son pasillos interminables
donde tropiezo una y otra vez,
hasta olvidar cuál fue la primera frase
que me llevó hacia ti.
Te juro que cuando me encuentro a tu lado,
soy la más feliz,
pero dime,
¿por qué ahora mismo estoy llorando tanto?
Te llamo,
te amo,
aunque no sé si amo el relato o su eco.
¿Más que tú es la memoria amada?
El humo que dejas atrás,
el chocolate de esa noche,
la crema de tus labios.
Como me veías a los ojos,
cómo me pedías un beso con la mirada.
Solo podía imaginarte sabor cigarro de frambuesa,
nicotina,
mi hambre que nunca sacia.
Besar tu humo, inhalar tu aliento.
Preguntarme
¿Soy la peor persona del mundo?
Lloro en silencio porque me alejas
y me acerco al mismo tiempo,
porque te sueño.
Un rostro que me atormenta,
palabras que se deshacen en mi boca,
tu nombre.
Jamás podré escaparte.
Intento alejarme.
Me pierdo en ti.
Entonces ¿qué me queda?
No puedo seguir así.
Amándote en silencio

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