A ti, pequeña Vivi

Niña de sueños grandes, mirada brillante,
en tus ojos veía la esperanza constante.
Entre risas y lágrimas, forjaste tu ser,
una guerrera incansable, que nunca dejó de creer.

Aunque la casa temblaba en silencio y dolor,
tu alma vibraba en un canto lleno de amor.
El mundo parecía tan grande y lejano,
pero en tu corazón, ya sabías que todo era posible, y lo has demostrado sanando.

Gracias, pequeña, por ser tan fuerte y valiente,
por enfrentar los días, sin perder tu mente.
Hoy, al mirarte, me siento tan orgullosa,
porque fuiste resiliente, fuiste asombrosa.

Tus sueños de niña, que en silencio guardabas,
han florecido y hoy, aquí, los celebramos.
El sueño de un hogar, de un techo seguro,
aún arde en mi pecho, y lo haré más que un murmullo.

Pequeña mía, te prometo que tu sueño será mío,
y en cada paso que dé, llevaré tu fe, tu brío.
Gracias por enseñarme a no rendirme jamás,
a luchar por mi futuro, a creer que todo llegará.

Con el alma agradecida, te abrazo en este momento,
porque sigues siendo mi guía, mi anhelo, mi fundamento.
El amor por Dios, que sembraste en mi ser,
es el regalo más grande que jamás dejaré de agradecer.

A ti, niña que soñó y nunca dejó de luchar,
te prometo que en tu honor, seguiré mi camino sin cesar.

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