De Iveth Luna Flores
Por María Martínez
Hace meses encontré el poema No regreses a la ciudad, me cautivó tanto. Traté de guardar el video para compartirlo y no pude, y no estaba en un momento en el que pudiera comprar el libro en línea, creo que en su bio de Tiktok estaba el enlace. Hace apenas una semana que andaba en un Sanborns, viendo libros, cuando vi Mis amigas están cansadas, me habló el título, el diseño de la portada, y que lo describen como nítido en la contraportada, me lo tenía que llevar.

Ahora que ya lo terminé, y que descubrí que el libro era de la autora que vi en Tik Tok, me es necesario compartir algunos puntos.
Mis amigas están cansadas es un poemario en el que Iveth aborda temas de la violencia, la distancia, la familia, la violencia familiar y las amigas, en un lenguaje directo, tosco, recio. Deja ver lo que muchos escondemos, esos secretitos que guardamos, y que pocos conocen, que a veces ni identificamos, y mucho menos lo podríamos describir.
Me gusta cómo mezcla elementos externos con lo que tiene uno dentro, como lo de jugo de naranja con las lágrimas, que ella trata de apretar para dejar de llorar y solo sale más jugo.
El poema de la primera palabra habla de la sobrina menor de la autora, que su primera palabra fue no, una palabra tan chiquita a la que le cabe tanto.
y quieres darme un beso
NO y quieres que te
cargue NO NO […]
34 años me costaron
a mí
para aprender a decir NO
Tiene este poema, cuando te gusta alguien, en el que describe como unx quiere que le conozcan, enseñarle al otrx que hay muchas piezas de unx.
Cuando recorro la ciudad con alguien no puedo evitar decirle mira, por aquella calle está el kínder al que fui.
quieres decirle:
esta puerta no la toques
esta puerta no se abre
Iveth Luna también menciona temas de salud mental, de la terapia, análisis, y el medicamento, en Dos buenas amigas describe lo que es tomar pastillas:
llevarlo muy cerca de mis pensamientos
dejarlo estacionarse en este cerebro
A mucha gente no le gustan los medicamentos psiquiátricos, pero a veces faltan cosas que no se pueden producir de otra forma, y es mejor atenderse, seguir las instrucciones para poder mejorar, o normalizar los días. Hay medicamentos distintos, unos actúan de manera inmediata, otros tienen que consumirse de manera regular para que funcionen.
Me alegra poder leer de esto fuera de comentarios anónimos en las redes sociales, lo que pasa en la mente. Entiendo el apoyo que pueden dar los medicamentos.
Últimamente he pensado en mis amistades de la primaria, hace poco soñé con una amiga, que jugábamos a policías y ladrones con los demás niños, y lo curioso es que ella y yo casi no jugábamos en ese entonces, nos sentábamos a platicar y cuidábamos los lonches que nos encargaban. También soñé con otra amiga muy cercana, pero ya tenemos como un año sin hablar, y todo era más fácil en mi mente. Como que el libro me quedó como anillo al dedo, sobre la amistad de mujeres.
Todas las amistades entre mujeres
empiezan así: una queriendo escuchar a la otra.
Me dio mucha ternura lo que uno recuerda de la niñez, de esos momentos honestos de percibir a la otra.
No regreses a la ciudad es para todos, pero en especial para los hijos de la violencia, de esas ciudades en las que las noticias son cuando no matan a nadie, en donde vas de camino a la escuela y ves una narcomanta, que dejan partes de cuerpos en vías públicas, que matan en lugares concurridos a plena luz del día.
Amiga, no regreses a la ciudad
aunque tu familia te lo pida a gritos
mataron a un hombre a dos calles
las balas ardieron en su frente
mientras yo preparaba mi comida.
¿Qué haces entonces? Si intervienes, te matan y al día siguiente estás en el periódico, el caso se pierde para olvidarse y nada cambia. Uno tiene que seguir trabajando, ir y venir, y es algo que Iveth describe muy bien.
La autora sabe poner sobre papel de manera tan precisa lo que uno experimenta y puede llegar a pensar, sentir y ser.
La violencia que amolda la vida de las personas, lo crudo de existir y a veces no querer estar.

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