¿Fobia a qué?

Por Andrea Monserrat Franco Rojas

La diversidad es un valor fundamental para dar el paso a una sociedad justa y equitativa, pues permite la inclusión de diferentes perspectivas, culturas y formas de vida. Sin embargo, a pesar de sus beneficios, muchas personas experimentan fobia, también conocida como «discriminación», pero, ¿por qué sucede esto? ¿Cómo podemos entenderlo? ¿Qué hacer para pararlo?


Cabe comenzar analizando la distinción entre fobia y prejuicio, ya que estos conceptos nos ayudaran a comprender el trasfondo del tema. Tanto la fobia como el prejuicio son conceptos que se relacionan con la discriminación hacia grupos sociales. Aunque se usan a veces de manera intercambiable, existen diferencias importantes entre ambos términos.


La fobia, por un lado, se define como un miedo intenso y persistente hacia un objeto o situación particular. En el contexto de la discriminación, la fobia se refiere a la aversión irracional e intensa hacia ciertos grupos sociales, como las personas que forman parte de la comunidad LGBTQ+, las personas de ciertas etnias o razas, o con discapacidades. Enfrentan un miedo a lo diferente, a lo que no encaja dentro del concepto sociocultural, hegemónico y euro centrista formado que prevalece hasta la actualidad. El prejuicio, por otro lado, se refiere a las actitudes negativas y estereotipadas hacia un grupo social en particular. A diferencia de la fobia, el prejuicio no implica una aversión o un miedo intenso hacia el grupo en cuestión. En cambio, puede ser más sutil y estar basado en la ignorancia, la falta de información o la influencia de factores culturales.


La principal diferencia entre la fobia y el prejuicio es la presencia de un miedo en la fobia, mientras que el prejuicio se basa en puntos críticos negativos, juzgando el grupo en cuestión. Sin embargo, ambos conceptos tienen en común su relación con la discriminación y su impacto negativo en los grupos sociales afectados. Ambos pueden llevar a la exclusión y violencia, y asimismo perpetuar y reforzar los estereotipos y la desigualdad.


Una vez atendidos los conceptos anteriores, indagaremos más allá de lo superficial del tema para tener un panorama completo y lógico basado en puntos clave. Habrá que diferenciar entre identidad y orientación para poder sostener una opinión del tema. Hablando de la identidad de género, se refiere a la experiencia interna y subjetiva de una persona en cuanto a su género. Es decir, cómo una persona se siente y se identifica a sí misma independientemente del encuadre anatómico dentro de los patrones sexuales que constituyen el sistema binario hombre/mujer. No cae en el reglamento “biológico” de los órganos reproductores con que nace, sino que fomenta la idea de que el género es un constructo social, por lo cual uno puede asignarse como masculino, femenino, no binario, entre otros.


La orientación sexual, por otro lado, se refiere a los patrones de atracción romántica, sexual y emocional de una persona. Resuñta importante destacar que, tanto la identidad de género como la orientación sexual, son aspectos de la sexualidad humana que están en un espectro amplio y variado. No hay una sola forma de ser hombre o mujer, ni una sola forma de experimentar la atracción sexual y emocional. Cada persona tiene su propia identidad y orientación que deben ser respetadas y valoradas. Es importante entender que estos dos conceptos son diferentes y no deben ser usados ​​indistintamente, ya que a menudo se confunden.


Entrando en materia, esto puede abordarse de varias maneras, una de ellas es entendiendo primero las causas: En primer lugar, la fobia a lo diverso puede ser producto de la educación y los valores transmitidos en el hogar, la escuela o comunidad. Cuando se les enseña a los niños que ciertos grupos son superiores o inferiores a otros, se crea un ambiente propicio para la discriminación. Además, la falta de contacto con personas de diferentes culturas o grupos puede llevar a la formación de estereotipos y prejuicios. Por último, esta fobia también puede ser el resultado de experiencias negativas pasadas, como la discriminación personal o la exposición constante a los medios de comunicación que perpetúan estereotipos negativos.


Este tema llega a tener consecuencias graves en la salud mental y física de las personas que la sufren. Entre las consecuencias más comunes se incluyen la ansiedad, el estrés, la depresión y la alienación social, además, puede afectar la autoestima y la confianza de las personas, lo que puede llevar a una disminución en su calidad de vida y en sus oportunidades de éxito en la educación, el empleo y la vida social. Finalmente, la discriminación puede aumentar la tensión social y llevar a la polarización y al conflicto en la sociedad. Por ello, la educación y sensibilización son clave para prevenir la discriminación, y la enseñanza de valores como el respeto, tolerancia y la aceptación desde una edad temprana puede ayudar a reducir la problemática. Otra opción podría ser la terapia cognitivo-conductual, ya que permite a las personas a identificar y cambiar sus patrones de pensamiento-acción con los que han crecido. La erradicación de las fobias podría darse frente a una gestión adecuada de la inteligencia emocional, ya que todo miedo contiene un factor psicológico, que en este caso, podría ir de la mano con el aspecto sociocultural.


La intolerancia o estigmatización hacia estos grupos diversos es lo que se busca enterrar. Con este informe no solo queremos dar a conocer más acerca del tema para poder analizarlo, sino que se busca la concientización para dejar de justificar la violencia que sufre esta clase de grupos de minorías. Claramente el problema se entrelaza de muchos otros, como por ejemplo la religión. Al evangelizar a la población se difundieron muchas ideas que no solo tomaron a su conveniencia, sino que además de esto no se dieron la tarea de otorgarle un sentido ontológico y laico, sino que pretendieron hacerlo de forma subjetiva y pasando por alto la separación del estado-iglesia, imponiéndolo a diestra y siniestra generación tras generación.


Otro de los aspectos que podrían relacionarse a esta problemática, es el sector de salud, ya que rondan diversos estigmas que mantienen relación directa con el hecho de ser parte de alguno de estos grupos, que si bien, las enfermedades existen, no son necesariamente derivadas de este hecho.
Mucho se vive el desprecio hacia esta comunidad pero poco se habla del porqué. Como sociedad, no sólo debemos quedarnos en lo que hemos aprendido, sino que hay que aprender a cuestionarnos, ya que el mundo no evoluciona en un aspecto físico solamente, sino que la parte cognitiva de la sociedad es un aspecto que se va desarrollando conforme el paso de los años y no debería existir una fobia presente a lo “desconocido”, es simplemente que el hombre le teme a lo que afecte su comodidad, por lo que resulta más sencillo resguardarse en su sillón y minimizar causas ajenas, a intentar aprender, respetar y conocer lo que esta fuera de su límite preestablecido, limite mismo que puede ser expandido.


Viviendo desde un marco normativo fijo desde hace bastante tiempo, es difícil abrir discusión sobre este tema debido al sistema tradicional en que se desenvuelve, si a esto sumamos la premisa del poder que la religión representa en el país, hace más complejo dar paso a una deconstrucción fiable en la sociedad.
Por conveniencia del sistema en que vivimos, la ignorancia ha sido el recurso más usado para servir y obedecer sin cuestionarnos, ha cegado a la población sin permitirles ampliar su panorama, por lo que a primera instancia, algo nuevo y que rechaza lo aprendido de décadas pasadas, es directamente “malo”, y, en varios puntos, debido al sistema capitalista en que nos desenvolvemos, a este le conviene mantener a la gente bajo este perfil, pues termina beneficiando su producción a través de la nula rebeldía y el seguimiento de órdenes sin cuestionarse. Gracias a esto, la ignorancia no sólo afecta un área económica, de educación o de salud, sino que llega a caer en este tipo de temas, donde nos ha quedado claro que vuelve a la gente víctima y victimario, en un ciclo que hasta el día de hoy aparentemente no tiene fin.


La fobia a la diversidad no se da solo en el hogar, sino que se fomenta en instituciones como la escuela, el trabajo, algún grupo sociocultural o deportivo, etc. No tenemos la respuesta verídica del inicio de esta fobia, pero conforme los estudios sociales han avanzado, sabemos de antemano que no es fácil arrancar el problema de raíz.
Hay que aprender a des aprehender, tomar las riendas y trascender.

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