Consecuencias del abuso infantil y la violencia en la juventud/Carta a la infancia

Por Berenice Abigail Rosales Cervantes y carta de Andrea Monserrat Franco Rojas

Las infancias son el futuro de cualquier sociedad, ergo, su bienestar y desarrollo son fundamentales para construir un mundo mejor. En este contexto, los derechos de los niños desempeñan un papel crucial al establecer las bases para su protección, crecimiento y participación en la sociedad. Sin embargo, la violencia infantil persiste como una sombra ominosa que amenaza la dignidad y el desarrollo integral de millones de niños en todo el mundo, incluyendo aquellos que se encuentran en México.


Especialmente considerando que la oficialización de los derechos de las infancias en México fue hasta el 2014, lo que significa que históricamente, los niños y niñas desde hace muchas generaciones, eran solamente vistos como una extensión o propiedad de sus tutores, situación que establece mayor vulnerabilidad. (CNDH, 2022)
La violencia adopta diversas formas, que van desde el maltrato físico y psicológico en el hogar hasta el abuso sexual, el acoso escolar y la explotación laboral. Estos actos de hostilidad tienen un impacto devastador en su vida dejando secuelas que pueden perdurar a lo largo de toda su existencia. Además, perpetúa un ciclo intergeneracional, ya que aquellos que son víctimas de abuso tienen mayores probabilidades de convertirse en adultos que ejerzan maltrato hacia otros o sean vulnerables a ser víctimas nuevamente.


En este ensayo, se explorará la estrecha relación entre los derechos de los niños y la violencia infantil, destacando que merecen una atención particular desde la perspectiva del modelo ecológico de desarrollo propuesto por Urie Bronfenbrenner y sus consecuencias en la juventud. Este enfoque teórico nos invita a examinar cómo los diferentes entornos y sistemas en los que los niños interactúan influyen en su bienestar y desarrollo.
Emerge como una preocupación central, ya que no solo impacta negativamente la vida de menores, sino que también socava la integridad de los entornos en los que se desenvuelven.
Refiere a las interacciones directas que los niños tienen con su entorno inmediato, como la familia y la comunidad. En este nivel, la violencia doméstica hacia niños adopta diferentes formas.


El maltrato físico y emocional puede dejar cicatrices emocionales profundas, afectando su autoestima, confianza y capacidad para establecer relaciones saludables. Además, el abuso sexual no solo tiene un impacto inmediato en la vida de los niños, sino que también puede generar traumas duraderos y dificultades en su desarrollo sexual y emocional. Judith Herman, es una reconocida psiquiatra y escritora, cuyo libro «Trauma and Recovery» explora los efectos del trauma. Explica lo fundamental que es garantizar la protección de niñas y niños en estos entornos, brindándoles apoyo y servicios adecuados para superar las secuelas de la crueldad y promover su bienestar.
El nivel mesosistema abarca las interacciones entre los diferentes entornos que infantes participan, como la escuela, los servicios de salud y otros servicios sociales. En este nivel, es crucial considerar cómo estas instituciones pueden detectar, prevenir y responder al maltrato infantil, así como proteger sus derechos.


En el contexto escolar, el acoso escolar (Bullying) es una forma común de hostigamiento que afecta a muchos niños. La intimidación puede tener consecuencias devastadoras en la vida de los niños, tanto a nivel emocional como académico. Las instituciones educativas deben implementar políticas y programas que promuevan un entorno seguro, donde se fomente el respeto mutuo.


Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), aproximadamente el 17.3% de los estudiantes de educación básica (primaria y secundaria) en México informaron haber sido víctimas de algún tipo de acoso escolar. Además, alrededor del 22% de los estudiantes reportaron haber sido testigos de situaciones de acoso hacia sus compañeros.


En el ámbito de la salud, es esencial que los profesionales estén capacitados para identificar posibles signos de negligencia infantil y brindar el apoyo adecuado. Los servicios sociales también desempeñan un papel fundamental al proporcionar intervenciones tempranas y programas de apoyo a las familias en riesgo. Señalando que la violencia puede ser perpetuación o ausencia de determinadas conductas. Y estas mismas tienen un nivel de visibilidad según el tipo de práctica, ya sea simbólica, cultural, estructural, etc. (José S.M, 2006)
Al fortalecer estos sistemas y asegurar la coordinación entre ellos, podemos avanzar hacia la prevención de la explotación infantil. Bessel van der Kolk, es un psiquiatra y autor del libro «The Body Keeps the Score», en el cual examina cómo los traumas, incluido el abuso infantil, afectan el cerebro y el cuerpo, y cómo pueden abordarse estos impactos mediante enfoques terapéuticos, cómo el cuerpo termina siendo una parte fundamental para el analisis de estos casos, pero al mismo tiempo es un proceso altamente revictimizante.


El nivel exosistema se refiere a los sistemas y contextos en los que los niños no participan directamente, pero que ejercen influencia sobre ellos. Aquí, es importante examinar la legislación, las políticas públicas y las normas culturales.
Las leyes y políticas deben garantizar la protección de los derechos de las niñas y niños y establecer mecanismos efectivos para prevenir, detectar y responder al abuso infantil. Además, es fundamental promover un cambio cultural que rechace la violencia y promueva la autonomía y respeto por el cuerpo de las infancias, promulgando educación conforme a su edad con respecto a la sexualidad, consentimiento y responsabilidad afectiva de pares, tutores y cuidadores. Esto implica desafiar las normas patriarcales, los estereotipos de género y cualquier forma de discriminación que contribuya al abuso infantil.
En el nivel macrosistema se engloban los aspectos más amplios de la sociedad y la cultura. Aquí, es esencial abordar las desigualdades sociales y económicas que pueden aumentar el riesgo de violencia. La falta de acceso a recursos básicos, como educación, vivienda adecuada y atención médica, expone a situaciones de vulnerabilidad.
Además, Anda, R.F menciona en el famoso Estudio Adversidad Infantil que la prevención de la violencia infantil requiere un enfoque multidisciplinario y colaborativo que involucre a diversas partes interesadas, como gobiernos, organizaciones no gubernamentales, profesionales de la salud, educadores y la sociedad en su conjunto. La promoción de la participación activa de los niños y la creación de espacios seguros para que puedan expresar sus preocupaciones y necesidades también son aspectos cruciales.


Los jóvenes que han experimentado abuso infantil tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastornos de la conducta alimentaria y trastornos de la personalidad. Afecta la forma en que los jóvenes perciben y manejan el mundo, lo que puede dar lugar a dificultades emocionales y comportamentales.
Socava la confianza y la autoestima de los jóvenes, lo que puede llevar a un autoconcepto negativo y una falta de creencia en sus propias habilidades y valía. Desarrollando una visión distorsionada de sí mismos y tener dificultades para establecer relaciones saludables y satisfactorias.
Puede estar relacionado con la aparición de comportamientos problemáticos en la juventud. Los jóvenes que han sido víctimas de abuso pueden exhibir conductas agresivas, impulsivas o autodestructivas. También relacionado con dificultades en el manejo de la ira, problemas de control de impulsos y comportamientos delictivos.
Experimentar dificultades de concentración, baja motivación, absentismo escolar y dificultades para establecer relaciones positivas con alumnado y docentes. Estos obstáculos pueden tener un impacto duradero en su éxito educativo y en sus oportunidades futuras.
Una complicación en las relaciones y confiar en los demás, establecer límites personales adecuados y desarrollar habilidades de comunicación efectivas. Esto puede afectar negativamente su capacidad para formar relaciones íntimas y significativas en la juventud y en la vida adulta. («The Cycle of Violence»,1989)
Recurrir a comportamientos de riesgo como mecanismo de afrontamiento o para buscar una sensación de control, no es poco usual, como menciona Cathy Spatz Widom. Destacada investigadora en el campo del abuso infantil y sus consecuencias a largo plazo. Sus estudios longitudinales como «Child Abuse, Neglect, and Adult Behavior: Research Design and Findings on Criminality, Violence, and Child Abuse» (1989). Han arrojado luz sobre los efectos duraderos del abuso infantil en la salud mental, el comportamiento delictivo y otros resultados en la juventud y la edad adulta. Incluyendo el abuso de sustancias, la participación en conductas sexuales de riesgo, el autolesionarse o el participar en actividades delictivas. Estos comportamientos pueden poner en peligro aún más la salud y el bienestar de los jóvenes.
Es importante destacar que no todos los jóvenes que han experimentado abuso infantil desarrollarán todas estas consecuencias, y cada individuo puede responder de manera diferente. Sin embargo, es esencial brindar apoyo y tratamiento adecuados, para ayudarles a superar las secuelas y fomentar su recuperación y resiliencia.


En este sentido, es fundamental normalizar la búsqueda de ayuda terapéutica y promover la importancia de la salud mental. La terapia desempeña un papel crucial en el proceso de sanación al proporcionar un espacio seguro para explorar y abordar las emociones y experiencias traumáticas. Aprender habilidades de regulación emocional y técnicas de resolución de conflictos, lo que les permitirá manejar de manera saludable los desafíos y dificultades que puedan surgir en sus vidas.
Además, pueden adquirir habilidades para comunicarse de manera asertiva, negociar y resolver conflictos de manera pacífica, lo que les ayudará a establecer relaciones saludables y evitar patrones destructivos de comportamiento.
En conclusión, el modelo ecológico de Bronfenbrenner nos brinda una perspectiva integral para comprender las complejas interacciones entre la violencia y desarrollo de infancias. A través de los diferentes niveles del modelo, podemos examinar cómo afecta a los niños en sus entornos inmediatos, cómo las instituciones y servicios sociales pueden prevenir y responder ante ella, cómo las leyes y políticas influyen en la protección de los derechos de los niños, y cómo los aspectos más amplios de la sociedad y la cultura pueden abordar las desigualdades y promover entornos seguros y protectores para los niños.
Al considerar estos aspectos desde una perspectiva ecológica, enfoque de género y salud mental, podemos desarrollar estrategias y acciones efectivas que promuevan la prevención dde maltrato infantil. Solo a través de un enfoque holístico, colaborativo y basado en evidencia, podemos construir una sociedad que garantice que todos los niños crezcan en entornos seguros, libres de agresión, hostilidad y que respeten plenamente sus derechos fundamentales.

A continuación Andrea redacta una carta para su niña interna invitando a lxs lectores a hacer lo mismo, para sanar.

Para la Andrea chiquita de Andrea grande:

Cuando estaba chiquilla no pensaba en si era bonita, guapa o linda físicamente, más bien pensaba en cómo me sentía, porque a veces los corazoncitos pequeños que recién van descubriendo el mundo, pueden sentirse confundidos, curiosos, emocionados, etc. Me gustaba pensar en reírme y en hacer reír a los demás.
Siempre recibí burlas porque tenía dientes chuecos, porque era morena, porque tenía ojeras, nunca me importó porque sinceramente cuándo estás aprendiendo de un mundo a tu alrededor, no sueles prestar atención a muchos comentarios.
Al tiempo que uno crece, llega la secundaria y es una etapa de vulnerabilidad y de susceptibilidad. Aquí empecé a tomar en cuenta mi físico, no me sentía mal con él, pero cuánto más tiempo pasaba me dí cuenta de algo: Yo no era bonita.
La vida da muchas vueltas y las vueltas dan mucha vida, y al cabo de pasar tanto tiempo con uno mismo, haces las paces, pero ahora estás cansada, ahora tienes más responsabilidades, más cosas que tal vez no tenías que estar cargando. Te mantienes con la energía que te caracteriza pero eso no implica que llegues exhausta, que en tus ojos se te note que dormir no te haría nada mal.
Al final tenía razón, no considero encajar en muchos de los estereotipos que por años hemos aprendido, pero claro que soy bonita, mi belleza no tiene porqué encajar en la tuya. Tal vez tuviste muchas bajas y altas en el camino pero siempre te has sentido segura de lo que eres y lo que das.
Hoy te cuesta despertar y verte la mirada tan cansada (que si me preguntas creo que llegó para quedarse, estés cansada o no) te cuesta ver cómo tus labios no siempre tienen ganas de pintarse rositas. Te cuesta toparte con tu narizota y hay días en los que te cuestan más unas cosas que otras.
Aún así nos sentimos bien, me gusta lo que hemos llegado a ser, me gusta verme al espejo, me gusta no sentir presión, me gusta lo que transmito, me gusta mi seguridad, me gusta cuando estoy recién despierta y cuando estoy arreglada. Me gusta mi sensualidad y me gustan mis fachas. Me gusta la libertad de lucirme. Me gusta todo esto porque me gusta sentirme yo.
A la niña que reside en mí: Cargaste con mucho que no te correspondía, pero siempre has sabido manejarlo bien, siempre has podido sola. Te prometo que el futuro no es malo, pues aprenderás mucho, tienes cualidades preciosas, te sientes en paz contigo. Eres comprensiva y rebelde, fuerte y alegre. Te abrazo desde mis veintes y te ofrezco reposo cuánto lo necesites. Que tu corazoncito siga creciendo enblandecido y tú risa se haga más escandalosa.

Pueden enviar sus cartas al siguiente correo: mundomasticadojrz@gmail.com


Bibliografía:
Anda, R.F., Felitti, V.J., Bremner, J.D., et al. «The Enduring Effects of Abuse and Related Adverse Experiences in Childhood: A Convergence of Evidence from Neurobiology and Epidemiology.» European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, vol. 256, no. 3, 2006, pp. 174-186.
Bronfenbrenner, U. (1979). The ecology of human development: Experiments by nature and design. Harvard University Press.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2016). Encuesta nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016.
Herman, J. L. (1997). Trauma and Recovery: The Aftermath of Violence—From Domestic Abuse to Political Terror. Basic Books.
José S.M (2006). ¿Qué es esa cosa llamada violencia?, Suplemento del boletín diario de campo: Noviembre – Diciembre.
Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, CNDH. Fecha de publicación: 4 de diciembre de 2014. Última reforma incorporada: 28 de abril de 2022.
Van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking.
Widom, C. S. (1989). Child Abuse, Neglect, and Adult Behavior: Research Design and Findings on Criminality, Violence, and Child Abuse. American Journal of Orthopsychiatry, 59(3), 355-367.
Widom, C. S. (1989). The Cycle of Violence. Science, 244(4901), 160-166.

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