Por María Martínez
La educación es una parte impactante en la vida personal y en el desarrollo de un país. Tras la necesidad de tener maestros, lo cuales se formaban de cierta manera en conjunto con los alumnos, se fue implementando esta importante labor en las ciudades.
Desde nuestra infancia comienza una vida académica en la que conocemos a distintos docentes. A algunos los olvidaremos, otros serán recordados por el respeto y cariño que engendraron, o por el amargo sabor que dejaron en nosotros. Estas personas que se dedican a enseñar tendrán un gran impacto en nuestro desarrollo como personas/ciudadanos, y en cierta medida resulta recíproco el cambio dado.
En la economía humana es importante considerar la educación dentro de una sociedad. Por ello, al prestar atención en los maestros, además de otros aspectos como las escuelas y sus salones, materiales didácticos, ubicaciones, etcétera, se despliega la preparación y los conocimientos que se han de adquirir para su labor, donde se dedican a compartir información. Además, nos enseñan cosas fuera de lo escolar, lecciones de vida que se quedan en nosotros, valores como el respeto, la honestidad, la amabilidad, la curiosidad y la responsabilidad son algunos ejemplos.
Los maestros son seres humanos que trastocan muchísimas vidas en distinta medida, con algunas palabras de aliento que se quedan en tu mente y de vez en cuando te salvan, o a través de situaciones estresantes en las que presionaban para que te desempeñaras de la mejor manera. Por todo esto, considero importante dedicar algunas palabras de agradecimiento por haber escogido ese destino, habernos ayudado, respondido aquella inquietud, apoyar al ser necesario, enseñar fuera de los textos, y ayudar a que unx sea mejor.
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