Por Mariana Jazmín Rosas Lucero
Como cada año, en México cada 10 de mayo se celebra el día de la madre, fecha escogida por ser un mes consagrado a la Virgen y que lleva realizándose desde 1922, “aunque otras fuentes sitúan el primer día de la madre mexicano en Oaxaca en 1913, cuando la esposa de un presbítero metodista encontró una revista donde se comentaba el festejo y decidió retomar la idea”. Esta fecha que bien tenemos reconocida ya sea por los preparativos que realizábamos al ir al kínder o por las idas con la familia para convivir con las abuelas y las tías, la festejamos casi por inercia, pues es indudable que, queriendo o no, la publicidad, el ambiente o el recordatorio de que tenemos mamá nos obliga a ser conscientes de ella. Sin embargo, ¿realmente somos conscientes de lo que significa nuestra figura materna?
Desde nuestra formación en su vientre y el resto de nuestra infancia prácticamente dependiendo de ella, tenemos la noción de que existe, está presente, que nos ha acompañado desde el inicio de nuestra vida terrenal, pero ¿esto cómo afecta en nuestra realidad como seres humanos? Es a través de la relación madre—hijx que nuestra seguridad se forma, que nuestro apego se va desarrollando y la sensación de sentirse protegido se muestra por primera vez en nuestro entorno. Si bien no todas las maternidades tienen las mismas formas y realidades, por medio de ellas aprendemos a vivir y muchas veces a ver el mundo, por lo tanto, ¿de qué manera podemos “agradecerles”?
Esta fecha de origen religioso y muy probablemente con raíces capitalistas, resulta para muchos el momento idóneo para regalar electrodomésticos, utensilios de cocina o cualquier otro artículo que se apropie a los roles de género establecidos en una sociedad binaria, pero ¿eso es lo que significa el papel de madre para nosotros?, ¿es acaso el único papel que desempeña la persona que nos ha criado a lo largo de nuestras vidas?, ¿cómo podemos romper con estos paradigmas?
Primeramente, recordemos que antes de ser madre nuestras progenitoras son seres humanos y mujeres, personas que sienten y sueñan, ríen y lloran, cantan y gritan de furia; no son solamente quienes nos parieron. Merecen momentos de calma y relajación, de mimos y disfrute, que se sientan amadas, así como probablemente nos han hecho sentir a nosotros. Y si en caso dado la relación con tu madre resulta complicada, entiéndete a ti y a ella, que como mencionamos anteriormente, no todas las maternidades se construyen de la misma forma; si bien es un pilar importante en nuestra formación como individuos, la romantización de la maternidad es algo bastante fomentado que nos lleva a ignorar las realidades de las mujeres a las que llamamos madres, vertiéndolas en una caja de protección y nada más.
Si tienes la oportunidad de pasar este 10 de mayo con tu madre y familia cercana, intenta hacerlo desde la conciencia de que este tipo de festejos se pueden realizar todos los días, no sólo en ocasiones especiales. No caigamos en regalar cosas cliché como las ya mencionadas, intenta con algo distinto: macetas con flores, día de compras, llevarla al cine o incluso un sobre con dinero en efectivo para que compre lo que desee. Recordemos que gracias al trabajo doméstico el capital rueda, que muchas mujeres son madres y trabajadoras al mismo tiempo mientras intentan darle lo mejor a sus hijos. Comencemos a tener la noción de que madres hay muchas y sus realidades también son extremadamente diversas.

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